Apenas empezando, y ya no hay quien lo saque de la pista.
Elian recién agarró una bola de boliche en serio por primera vez — y ya se le nota. Todavía está aprendiendo a leer la pista, a sentir el peso justo, a no pensar de más antes de soltar. Pero ya tiene la parte que no se enseña: le encanta estar ahí, tirada tras tirada, en Bowling Planet Panamá, en Balboa.
Lo bueno del boliche es que no tiene fecha de vencimiento. No es un deporte de una temporada — es de los que se juegan toda la vida, a los 10 años o a los 70, sin prisa por dominarlo todo de una vez. Así que por ahora, la meta es simple: seguir tirando, seguir mejorando, y quedarse con este deporte para siempre.
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